sábado, 9 de julio de 2011

Sábado de Interludio Amoroso

Romeo and Juliet, de Sir Frank Dicksee, pintado en 1884. Me hace pensar en aquella primera vez que Rolando entró por la ventana de mi dormitorio, arriesgándose a ser descubierto por el Temible Goyri. ¡Qué tiempos! Yo era más joven de lo que es Jon hoy en día, y Rolando... bueno, entonces era alguien muy distinto y se llamaba Julián.

Ahora, se ha metido en el baño con el móvil, para conversar con alguien en privado (teniendo en cuenta que le he oído hablar en no sé qué idioma, no entiendo la necesidad, pero bueno...), así que aprovecho para escribir esto, antes de que vuelva.

Ha sido un día tranquilo, tras una noche espantosa. Acabé de escribir lo de mi padre (eso sí que me llevó horas, no los cinco minutos que cuesta leerlo, por muy largo que parezca) y pensaba irme a dormir, agotada, pero entonces empezaron a oírse ruidos fuera de la casa. Aunque yo no llegué a verlos, me dijeron que hubo al menos tres muertos rondando, golpeando la puerta, intentando entrar por las ventanas del piso bajo. Tuvieron que abatirlos a tiros y Rolando, Enrique y Jon los enterraron, en el bosque.

Yo no salí. Todo esto me está superando. Preferí quedarme con los otros en la "sala segura", que ahora está más abarrotada, con las personas que liberamos del sótano de Popov, aunque una de las mujeres está enferma y el doctor Contreras no cree que sobreviva. Estoy harta de muerte.

Rolando ha dormido hasta media mañana y luego se ha colgado del teléfono hasta que le hemos llamado para comer. Últimamente, menudas conferencias que tiene. El miércoles, si no me equivoco de día, estuvo más de una hora hablando con Hidalgocinis, tiene tela, con la pequeña disputa que tuve en un principio con él. Quién me iba a decir que íbamos a llegar a este punto... Pensé pedirle que le diera recuerdos, pero temí que me pasase el teléfono, y no hubiera sabido qué decir, así que me callé.

Después de comer, nos hemos venido a la habitación. La luz del sol parece contener a los muertos, Rolando dice que quizá vuelvan a la noche, así que es mejor aprovechar, jaja. Al fin y al cabo, tampoco hay posibilidades de cazar al Edterran ahora mismo, dice que quizá mañana. Ha intentado explicarme las razones pero mejor evito mencionarlas. La verdad, no quiero que me quede una entrada tan larga como la de ayer. Además, seguramente confundiría más que otra cosa, porque yo no entendí mucho, aunque me abstuve de complicarlo todo más haciendo preguntas.

El caso es que, no sé, no deja de darle vueltas al asunto. Tengo la sensación de que piensa en eso incluso mientras hacemos el amor.

No hay noticias de Popov. Si regresó al pueblo B, no coincidimos con él ninguna de las tres veces que hemos vuelto por allí desde entonces. Rolando no deja de hacer cosas raras con sus magias y demás, lo mismo concentrándose durante horas que utilizando artefactos con mucha pinta científica que no tengo ni idea cómo funcionan ni qué hacen ni, mucho menos, cómo se llaman.

Pronto va a pasar algo, seguro, no deja de recordarme que tiene que irse.Y yo intento vivir al día, y no sentir lástima de mí misma.

Al menos, hay una noticia buena. Rolando y yo ya no tenemos problemas con su Nuiz. La solución era tan sencilla que costaba verla: cuando es necesario, abrazo a Beatriz, se me pega el suyo (sea el que sea, que ni idea) y, ala, Rolando vuelve a ser un héroe completo, con todos sus superpoderes.

Qué absurda me siento. Si al menos, lo que tengo sirviera para algo. Él dijo que sí, en su momento, pero es que no le veo mucha salida a algo así.

Vuelve, está terminando su conversación. No sé en qué idioma habla. ¿Sueco, para hacer feliz a Pilar, y así pongo alguna frase? Mmm... más suena a ruso o checo o algo por el estilo. Me voy evitar a mí misma el esfuerzo de preguntarle, así no me contestará que es algo de lo que no puede hablar conmigo.

Te dejo. Me espera una agradable tarde de sábado...

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