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lunes, 2 de mayo de 2011

Lunes Tormentosos tras el Día de la Madre

Últimamente, me cuesta tener un momento libre, y no quiero que nadie cercano sepa que he creado este blog para hablar contigo. Por eso tengo que buscar ratos, como ahora, que me he quedado sola. ¡Y tengo tanto que contar!

Ha ocurrido de todo este fin de semana, entrañable día de la Madre incluido.

Primero, el viernes salí por la mañana a la farmacia. Y no sé si lo hice aposta o no (bueno, sí, esas cosas se saben, aunque se nieguen), pero el caso es que pasé frente a la cafetería justo a la hora en la que me consta que Enrique Ugalde termina el café y se va a sus asuntos. Claro, nos topamos en plena acera. Me sonrió, saludándome cortés, y yo recuerdo haber pensado que estaba muy guapo. Lo estaba, no puede negarse.

Me preguntó cómo me encontraba y pareció asumir con ecuanimidad el encogimiento de hombros que le di por respuesta. Tras un inicio de conversación de compromiso, en el que comentó con cierta sorna lo mucho que me echaba de menos en el rato del café, sacó una tarjeta de la chaqueta y me la tendió.

- Todavía no sé dónde está, pero me sorprende tanto misterio porque sólo ha habido que rebuscar un poco para saber que se fue voluntariamente - me soltó, de golpe. Me acordé de mi padre, asegurando que había utilizado todos su contactos en la policía, y quejándose de haberse gastado una fortuna en ejércitos de detectives privados (una de las condiciones que puse en "La Reconciliación", que te buscaran, que siguieran buscándote), pero que había pasado demasiado tiempo y no había ni rastro. Y Javier, consolándome, diciéndome que era normal, que si no se pudo encontrar nada durante la búsqueda oficial, en el momento, raro sería que encontraran el cuerpo (tal cual lo dijo, tantas veces...) pasados los años. Me acordé también de Hidalgocinis y sus delirios. O sus predicciones -. Hace dieciocho años, en las fechas que dijiste - fui a coger la tarjeta, pero la retiró a tiempo -. Tengo más información, obviamente, pequeños detalles que nos están permitiendo avanzar, pero si la quieres, tendremos que llegar a un acuerdo. No más demoras, Rebeca.

Acostarme con él. Y el cuadro, ese óleo con una serpiente cómo única vestimenta. Vamos, no sé si lo del cuadro lo dijo en broma, pero me hizo pensar en lo de las fotos que le hicieron a Andy, el chico de Salamanca que trabaja en un bar y toca el violín más de lo debido a veces. O en lo de la ex-mujer de Faustino, que le hizo llegar (mala baba la tía, se nota que aún le persigue, y es que Faustino es un auténtico castigador, jaja) una cámara con fotos de un hombre desnudo, o algo así. Tendría gracia que fueran el mismo caso, la vida a veces supera el arte.

Sea como fuere, en aquel momento, mientras Enrique Ugalde me miraba y me decía eso, pensé que si me metía en ese lío, tendría que ser muy cuidadosa.

Volvió a acercarme la tarjeta. La cogí, algo aturdida con lo que eso implicaba, y con la noticia, sobre ti (te fuiste, te fuiste, maldito seas, te fuiste), y con todo lo que está sucediendo últimamente. Hidalgocinis, tú, resurgiendo del pasado, esas historias sobre demonios, el asunto de Perú, el tema de lo vaticinado a Faustino y lo que le ha pasado con los chinos. Demasiados hechos absurdos cuadrando una y otra vez, no pueden darse tantas casualidades juntas.

- ¿Podrías investigar también otro asunto? - pregunté. Y le hablé de ti, Hidalgocinis. Le hablé de tu blog, de lo que has contado allí, de tu enfermedad y lo que has estado diciendo. Sé que me vas a leer y no lo oculto: te he repetido muchas veces que soy una mujer racional. Si todo es un montaje, si con todas esta cosas lo que pretendes es burlarte de mí, o sacarme dinero, o sacárselo a los otros que he visto que tratas por internet, te has confundido de pleno.

Le di todos los datos que pude a Enrique Ugalde. Y me dijo que, aunque era difícil, algo podría hacerse. De modo que, si todo es una broma, lo mejor que puedes hacer es echar a correr, porque de la hija de mis padres (y bien sabes a estas alturas qué padres tengo, cuando me tocan la fibra adecuada me vuelvo tan desalmada como ellos) no se ríe ni dios.

Enrique Ugalde me dejó allí y se marchó en su cochazo. Supongo que pensó que ya estaba bien plantada la semilla. Mmm... no sé si ha sido una imagen afortunada, esta.

Como el domingo era el día de la Madre, y habíamos acordado cambiar de fecha la comida semanal con mis padres, el sábado lo pasamos en casa, al menos la mayor parte. Por la mañana hizo bueno y salimos a dar una vuelta por el Parque de Doña Casilda, pero se estropeó el día, y estuvimos jugando al monopoli. Cómo le gusta a Beatriz, en serio, es inquietante ese rasgo que tanto la asemeja a su abuelo. Pero me acordé del comentario que me hizo Julieta y sé que tiene razón. Intenté estar un poco más amable.

El domingo, como digo, Día de la Madre en casa de la bruja. Por la mañana, eso sí, yo tuve mi celebración. Jon y Beatriz se presentaron a primera hora en el dormitorio y todos me dieron sus regalos, una pulsera (Javier), un libro (Jon, con Ana Karenina, también tiene tela la cosa, qué indirecta) y un pañuelo (Beatriz). El pañuelo era muy bonito, tengo que admitirlo, seguro que mi madre la había ayudado a elegirlo. Luego tuve buena bronca con Javier, porque no quería ponérmelo.

Los demás se lo pasaron muy bien. Hubo regalos, no abrió el mío, lo ignoró, como durante los últimos doce años. No se lo reprocho: era la plancha de siempre y todos lo sabíamos. Yo me sentía como la de la imagen que he puesto, así, al margen de la mesa, mirándote a ti directamente, ajena a todo. De vez en cuando, observaba a mi padre de reojo. Creo que se dio cuenta, pero no dijo nada. Cuando me perciben hostil, me dejan en paz.

Quiero hablar con él, necesito hacerlo. No, en realidad, quiero arrancarle la verdad y golpearle con ambos puños hasta agotarme. Pero me desalienta toparme con la pared de siempre. Necesito pruebas.

La tarde, pues eso, espantosa. Mi madre disfrutando de nietos y lanzándome pullas sobre lo poco acertado de mi vestido y mi pelo. Le gustaron, eso sí, mis sandalias, que son las que le compré a Blanca Cueto, de Carolina Herrera. Claro, mi madre las identificó de inmediato. En fin, tonterías, no hice mucho caso. Estaba más interesada en qué andarían haciendo mi padre y Javier, que siempre se retiran al despacho a tomarse una copa y fumar, qué elegantes somos.

Con la excusa de ir al baño, les espié un momento. Hablaban en los términos que le gustan a mi padre: él de amo y señor de la Hacienda y Javier dándole el gusto. Siempre ha sido así, pero antes lo veía como pura amabilidad de mi marido, siempre ha sido un hombre agradable y complaciente, ahora... no sé. La verdad, no lo sé. Vi que mi padre le daba algo a Javier. No dije nada, esperé hasta llegar a casa y poder registrarle la chaqueta.

Era un talón. Tres mil euros. Quizá debí callarlo, pero no pude contenerme. Odio el dinero de mi padre y odio que controle a todos a golpe de talonario. Pero debí prever qué pasaría: cuando se lo eché en cara, Javier me dijo que era para que me comprara un regalo de día de la madre, porque sabía que, si me lo daba directamente, no iba a aceptarlo. Tiene cojones la cosa. Encima, se han pensado que soy idiota.

Pero no dije nada. Simulé creerlo y aceptarlo con malhumor. Pero creo que tu hermano está implicado. Que Hidalgocinis también tenía razón en eso. Que mi vida, además de un sucedáneo de la que debió ser, es una burla.

Ojalá vengan de verdad esos pájaros prehistóricos de la predicción hecha a Pilar y se nos coman a todos.

Ojalá estalle el puto mundo.

sábado, 23 de abril de 2011

Sábados Apresurados y vídeos de youtube

La foto va de monstruos, y a ellos me refiero en la última parte de esta entrada. Aunque no eran vampiros, eran los presos estos huidos de la cárcel en el Perú y que quizá alguno hayáis visto en el vídeo de youtube, antes de que lo censurasen.

Escribo deprisa porque, como es sábado, tenemos que ir a comer a casa de mis padres. Me he quedado sin excusa para no ir (ahora contaré). Como no sé a qué hora volveremos y quizá luego no me dé tiempo, y ya llevo un par de días sin decir ni mu, con lo de la Semana Santa, escribo ahora. Espero que me quede algo coherente.

La cuestión es que ha venido de visita un matrimonio de Sevilla, menudo lío en casa para acomodarles y atenderlos como es debido. Me volvía loca, menos mal que Rosa María ha demostrado valer su peso en oro.

Manolo es profesor allí, de cosas de egiptología. Javier y él se conocen desde hace años, hicieron un máster juntos, y la verdad es que yo siempre he congeniado mucho con su esposa, Trini, maestra de escuela, incluso aunque suele leer las cartas y hacer adivinaciones. y ya sabéis que esas mandangas no me gustan, no las creo y pienso siempre que son intentos de manipulación. El caso es que es una chica muy simpática y me llevo muy bien con ella.

O, bueno, me llevaba muy bien, esta vez ha venido rarísima, nerviosa y descentrada, lo que ha hecho que tenga que estar de jornada continua atendiéndola, llevándola por ahí para que se evadiese un poco, etc... No ha querido hablarme de lo que le pasaba, o quizá es que no podía, no sé. El único momento realmente centrado que le he visto es cuando le mencioné lo sucedido con Santiago de Cos. Me miró, me miró de verdad, con susto y se encerró en su cuarto hasta que su marido consiguió sacarla.

Aún así, aunque iban a quedarse hasta el lunes, anoche Trini tuvo una pesadilla espantosa, parece, y se ha empeñado en que se volvían de ya, de la misma. Como no había aviones se han cogido un tren esta mañana a primera hora. Menuda paliza, y carísimo. Pero decía que quería estar con sus hijos. No ha habido forma humana de convencerla.

Javier me ha dicho que su amigo, Manolo, piensa llevarla al médico esta semana sin falta, que lleva ya varios días así y que pensó que el viaje a Bilbao les iría bien. Pues vaya...

Por lo demás, yo sigo aquí, sigo intentando ignorar lo que me dijo Hidalgocinis, sigo atormentándome sobre qué hacer mientras veo cómo mujeres como Blanca Cueto se lo toman de un modo más normal (me preparo y a por todas, pues sí) y envidio mucho a Pilar Lacuesta, ignorando a su nuera, viviendo tranquilamente su vida de abuela guerrera (qué ladina, hacer como que no oye las indirectas, pobre nuera, ahí bregando para atenderlos a todos, de ser por mí, me hacía un bocata y cada cual se buscara la vida).

Lo malo, es leer cosas como las de Brau con Hidalgocinis. Creo que están perdiendo el norte. Demasiada gente está perdiendo el norte. Y algunos, tratan de medrar a su manera, en las aguas revueltas. Cosas como ese vídeo que ha estado en youtube, sobre los presos fugados en Perú y su enfrentamiento con el ejército en una gasolinera, es que lo demuestran por completo. ¿A quién quieren engañar? A los pobres ilusos de siempre, supongo.

Iba a poner enlace, pero no lo he encontrado y al preguntar discretamente a Jon me ha dicho que lo quitaron, que se comenta que estuvo menos de cuatro horas antes de ser censurado. Bueno, no me va la censura pero todo lo que induzca a la gente a creer cosas que no existen, esos montajes, pues supongo que mejor.

Y eso que Jon está seguro de que no era un montaje. Pero qué va a saber del alma humana, si tiene diecisiete años y ha vivido siempre protegido.

Bueno, como no tengo enlace, haré descripción:

Se suponía que era la grabación de un soldado (está de moda). Se veía varios vehículos militares del ejército peruano, rodeando una gasolinera, en la que parece que los presos se habían hecho fuertes y tenían rehenes. Los empleados de la gasolinera y algunos clientes empezaban a salir con la manos en alto, y algunos soldados disparaban y mataban algunos civiles. Esto, sí es creíble, lamentablemente. Lo llamativo es que se veía otro soldado y parecía sorprendido.

El caso es que, si no recuerdo mal, los supervivientes volvían corriendo a la gasolinera y entonces salían cuatro individuos con ropa de preso, cuatro hombres. Dos de ellos llevaban hachas, pequeñas, los otros nada. Y eso sí que fue el infierno.

Los soldados empezaron a disparar como locos y, de pronto, uno de los hombres levantó las manos y las balas comenzaron a explotar en el aire, aunque algunas impactaban por ahí y una debió dar a uno de los armados con hacha, que cayó el suelo. El otro preso armado se lanzó a una velocidad sobrehumana, dejando estela y todo y, como en una película fantástica, se veía cómo varios soldados caían sangrando a su paso.

Luego, algo estalló y todo comenzó a llenarse de interferencias, no sé. Lo último que recuerdo es la imagen de uno de los presos saliendo del círculo de llamas, andando, inmune al fuego. Sus ojos y sus manos brillaban con una luz azul muy intensa.

No, no es un trailer. Se supone que es un vídeo real que han censurado. Yo, la verdad, pienso que era un timo, pero estaba muy bien hecho. Impresionaba.

Eso sí, recuerdo lo que me dijo Rosa María. ¿Serían estos los occidentales? ¿Quiénes son, qué buscan? ¿Por qué emiten un vídeo así, qué pretenden? Están pasando cosas rarísimas.

domingo, 17 de abril de 2011

Domingos aburridos I : Asaltantes misteriosos


Domingo aburrido como él solo, aunque he logrado disimularlo.

Buñuelos para desayunar, gracias a Rosa María. Luego, hemos jugado al Monopoly y mi hija de diez años ha demostrado haber heredado el hambre insaciable de su abuelo. Nos ha vapuleado a todos. Sobre la una, hemos salido a tomar un aperitivo mientras Rosa María terminaba la comida. Hace muy buen día. Javier quería entrar en la cafetería de Agustín, pero he logrado animarle a acercarnos hasta Pozas.

Más tarde, mientras ayudaba a la chica a recoger, ha ocurrido lo más interesante e intrigante del día. Tanto, que hasta me he tomado la molestia de buscarle foto adecuada y todo. No está mal, ¿verdad? Detalle del Das Attentat. Siglo XIX, por lo que parece el autor era del círculo de Charles Landseer. Fuera quien fuera ese. Me encanta la Wikimedia.

Le he mencionado lo de la planta de energía esa de su país y lo que está pasando, y le he preguntado si tenía alguien conocido metido en el tema. Que si por eso lloraba ayer, vamos. Me ha dicho que sí, que temía que su novio estuviese involucrado, pero ya está tranquila. Al parecer, le ha dicho gente de Perú, que nadie conoce a los asaltantes de la central energética. No creen que fueran peruanos siquiera. Parece ser que eran occidentales y tampoco se sabe en qué prisión exactamente los retienen. Que, a estas alturas, ya casi nadie piensa que pertenecieran a algún grupo izquierdista o ecologista. Rosa María opina que, quizá por ello, se están disolviendo las manifestaciones.

Qué cosa más rara. Se lo tengo que contar a Déborah, la ecologista, seguro que le interesa.

Ah, y tengo que acordarme de comprobar la factura telefónica. Apuesto a que tengo una llamada a Perú en el listado. Pero, no sé, supongo que por una vez podré pasarlo por alto, aunque sólo sea por lo intrigante del tema.

Sólo si no se ha tirado la hora entera del aperitivo colgada del teléfono, claro.

sábado, 16 de abril de 2011

Sábado de Empacho Semanal

Se me olvidaba que hoy es sábado y, claro, día familiar con comida en casa de mis padres. Desde hace años, desde "la Reconciliación", comemos todos en su casa una vez por semana. Y, una vez al mes, vienen ellos a cenar a la mía.

Qué infierno. Puede parecer que soy un monstruo, pero esta es la imagen más apropiada que he encontrado para mis padres. Javier insiste en que es bueno para los críos, y es verdad. Jon quiere a sus abuelos y Beatriz es el ojito derecho de mi padre, quién lo iba a decir, con lo seco y distante que fue siempre conmigo. Y mi madre... Bueno, en las pocas ocasiones en que hablamos, con tensión evidente, dice que eran otros tiempos, que quería educarme bien, pero ahora yo soy madre y sé que no, que así no se hacen las cosas.

Vale, no puedo, no voy a perdonarles nunca.

Sufro enormemente estas comidas, pero qué se le va a hacer, Jon y Beatriz las disfrutan y Javier las soporta con buen humor, pese a la costumbre de mi padre de llamarle Indiana. No considera útil la profesión de mi marido y le sorprende enormemente que pueda ganarse la vida con ello. Mal ganarse la vida, en su opinión, evidentemente; con el sueldo con el que vivimos nosotros cuatro (cinco, contando a Rosa María, la chica interna que tenemos), mis padres no tendrían ni para los caprichos de un mes.

Ahora andan a vueltas con lo de la carrera de Jon. Va a ir a la Universidad ya, qué mayor está, y quiere estudiar Medicina, como hiciste tú. Te juro que yo no le he alentado a ello, ha salido de él. Quizá le impulsara a ello algo con parte en el ADN y parte en lo que le hemos contado de ti, no sé. El caso es que quiere estudiar Medicina y ayudar al mundo, metiéndose en Médicos sin Fronteras y yendo donde más falta haga.

Idealista como tú, faltaría más.

Mi padre, por supuesto, rebufa cada vez que lo oye. Entendería la Medicina si fuera para ser un médico de postín, de cirugía estética y cobros astronómicos, pero no para ir a vacunar negritos por ahí, según sus propias palabras. Y, claro, cree que todo lo puede comprar.

Hoy le ha dicho a Jon que está haciendo gestiones con algunos amigos y que podría ir a una buena Universidad, en EEUU. Pero, que tiene que estudiar... yo que sé, ya ni me acuerdo el rollo que le ha soltado. Algo que le sirva para la gestión de sus negocios, es la idea. Que es el hombre de la casa y el día de mañana tendrá que sucederle y bla bla bla.

Pues en buen hueso ha ido a morder, si algo tiene mi hijo es que es tan testarudo como tú. Y quiere ser médico.

En fin, es testarudo, pero también diplomático. Le ha dicho a su abuelo que lo pensará y ha cambiado de tema. La verdad es que me siento muy orgullosa de él.

Luego, por la tarde, hemos dado una vuelta. Jon se ha ido con sus amigos y nosotros tres hemos cenado en un restaurante cercano al Parque de Doña Casilda, y hemos vuelto a casa. Yo estaba de un malhumor terrible, por lo de mis padres, por el ejecutivo que quizá me haya esperado inútilmente esta mañana aunque seguramente ni hubiese ido de tener la opción, y por ti.

Por la estúpida idea de que quizá te fueras, de verdad. Que me hayas abandonado.

Javier me conoce, en estos estados, y me ha dejado a mi aire.

Al llegar a casa he encontrado llorando a Rosa María. Me he preocupado un poco porque creo que entre Jon y ella hay alguna tontería y sólo me faltaría que se complicara la cosa convirtiéndome en abuela antes de tiempo, aunque yo jamás haría lo que hicieron mis padres. Pero, vamos, por lo que he podido entender, lloraba por algún familiar que tiene en su país, o algo así. La he dejado con Beatriz y Javier y me he encerrado en el dormitorio.

Luego, lo he entendido. Rosa María es peruana, y he visto en internet que ha habido manifestación allá por el tema de ese ataque a una central de energía. Me ha costado encontrar información, parece que sólo se menciona, sin apenas datos, en algunas páginas de grupos de extrema izquierda, ecologistas y tal. Por curiosidad, he preguntado en Twitter, donde conozco un par de peruanos (nos seguimos mutuamente) pero sólo uno ha contestado a mi mensaje privado y me ha dicho que ha habido una manifestación de simpatizantes, con ecologistas y gentes de izquierdas, en las cercanías de la central energética atacada. Que todo ha transcurrido sin mayores incidentes, vigilados por el ejército, y que los detenidos en el ataque están sometidos a leyes antiterroristas (el copón, ya me puedo imaginar), pero que nadie ha explicado nada más. Por lo que parece, la noticia se está controlando al máximo.

He pensado en ir a hablar con Rosa María, por consolarla si es que tiene algún amigo metido en esos líos, pero posiblemente ya se haya dormido. Mejor lo dejo para mañana.

Y yo también debería dormir. Que ha sido un sábado infernal y mañana será otro día.

viernes, 15 de abril de 2011

El Viernes A la Misma Hora

He buscado en mi amiga Wikimedia una imagen apropiada, pero nada. Esta es la que más se parecía. Cambiad el ambiente por una cafetería actual, y la costura de la chica por una agenda en la que escribir la lista de la compra (más que nada por simular estar ocupada en algo). El resto, se le parece bastante.

He ido a la misma hora, sí. Por muchas razones, la principal que no hubiese podido dejar de ir. Quería encontrármelo, vale, sí.

Le vi nada más entrar. Estaba apoyado en la barra, junto a Agustín, ambos en silencio, escuchando la radio. Por curiosidad, presté atención. Estaban dando la noticia esa del ataque a una central térmica que ha tenido lugar en Perú. Montón de muertos, creo que más de una docena entre ambos bandos, y varios detenidos. Decían por la radio que no se sabía quién estaba detrás, si la extrema izquierda o algún movimiento ecologista, o algo.

Luego he visto que la gente en Twitter comenta lo sospechosamente rápido que intervino el ejército. Y también he leído al respecto en otros foros, como en el de Arañando la Pizarra, muy recomendable, de una chica ecologista. Yo, que he estado apergaminada en una vida cómoda de anodina clase media, siento que hay algo muy raro en todo eso. O igual es que me ha despertado la vena paranoica.

No, paranoica no. El mundo está fatal y desde que entré en Twitter no me puedo seguir engañando. Ya no puedo negarlo y vivir cómodamente en mi burbuja. Ahí está el tema, también hoy, del reparto de millones de euros entre la directiva de Telefónica, mientras despiden a un montón de gente. ¿Cómo se puede permitir algo así? Es vergonzoso. Y se siente una impotente porque no es la primera vez que se hace ni será la última. Mientras no rompamos el bipartidismo, iremos de capa caída. Y cuando lo rompamos, a ver... A ver si nos dejan pasar de la Democracia Orgánica a la Democracia Real. Odio vivir en una mentira, pero no sé si podremos vivir en la verdad. Si nos dejarán, me explico.

Supongo que, todo esto, me ha hecho pensar en aquellos tiempos, cuando éramos jóvenes y aún estabas conmigo y hablabas de cambiar el mundo y de organizar un ejército de desamparados. Cuando me llamabas niña pija mientras me hacías el amor en el asiento trasero de tu viejo Ford Fiesta de segunda mano. Jaja, me convertiste en una auténtica revolucionaria... vale, no, nunca llegué a tanto, apenas era una cría rebelde. Pero algo hiciste. Si no, que se lo pregunten a mi padre, que jamás te ha perdonado.

La noticia terminó, y Agustín y el ejecutivo la comentaron con relativo interés. El ejecutivo parecía más entendido. Se planteaba de dónde habría sacado el gobierno el dinero para crear la planta hace ya tiempo, si los presupuestos se acaban de aprobar. La verdad es que es una pregunta curiosa.

Luego, cuchicheos, y Agustín tuvo algo urgente que hacer en la cocina.

A ese momento corresponde la imagen: el tipo mirándome y yo sabiendo que me miraba, sin mirar. Simulando hacer la lista de la compra. Patatas, berza, cebollas, un kilo de azúcar... No, mejor dos. Durante un momento sólo se oyeron las melodías publicitarias de la radio, bombardeando nuestras mentes.

- ¿Puedo sentarme contigo? - me preguntó de pronto. Claro, tuve que mirarle - Si no estás muy ocupada, pienso que es un buen momento para que hablemos.

- ¿Tenemos algo de lo que hablar? - vale, me odio. Me odiaba ya entonces. Me siento sosa y torpe, y a la defensiva. Odio al ejecutivo y odio a no-Faustino, que me hacen sentir estúpida porque no sé cómo reaccionar. Oigo las frases y busco una respuesta ingeniosa y nunca la tengo.

Aunque algo tendré, aunque sea a la vista, porque él se rió. Tenía una risa agradable.

- Sólo si quieres. Diría que, a nuestra edad, podemos saltarnos algunos pasos intermedios. Nos presentamos y decidimos. Yo soy Enrique, Enrique Ugalde. ¿Y tú?

- Te lo habrá dicho Agustín - repliqué, secamente. Sonrió, dejando claro que sí, que sabía perfectamente quién era yo, pero no le di opciones de responder. Joder, no sé, me puse tan nerviosa que me embalé. Le dije que estaba buscando trabajo y no tenía tiempo para tonterías. Que si tenía idea de algún posible empleo, me dijera y, si no, me dejara en paz y se fuera al cuerno. Que estoy casada, tengo hijos y todo eso. Mi perorata le hizo más gracia aún.

- La verdad, Rebeca, creo que andas bastante confusa. Si lo piensas bien, te darás cuenta que, lo que buscas, no es un empleo - debió verme algo en la cara, porque recogió su cartera - Deja, deja, si te animas a venir mañana, podemos volverlo a intentar. ¡Hasta mañana, Agustín! - añadió, más alto, en dirección a la cocina. Y se fue.

Y yo qué iba a hacer. No iba a salir detrás...

Luego, Agustín me dijo que mi café estaba pagado. No me atreví a preguntarle por él.

Creo que no voy a volver.