martes, 20 de septiembre de 2011

En Jueves nos Rima Versos la Voz Remota

Ilustración de un
fantasma de pirata
"Cap'n Goldsack".
Harper's Magazine, 1902.
There Cap'n Goldsack goes, creeping, creeping, creeping, Looking for his reasure down below! (si no me equivoco: "Ahí va el capitán Goldsack, arrastrándose, arrastrándose, arrastrándose. Buscando su descanso en el fondo!".) Yo lo he coloreado. Me ha quedado algo rosa. Qué más da. Además, es un color que me gusta. 

La piedra se agrietó, ante el ímpetu de los golpes que llegaban desde abajo. Las letras se resquebrajaron, se expandieron diminutas brechas en todas direcciones, a toda velocidad, como una estrella tejida repentinamente por una araña loca, y los Sabios que seguían con vida retrocedieron, asustados, intentando evitar que les tocara. Yo me agarré a la manga de la túnica de Javier. Él apenas me miró de reojo.

—Quédate atrás, Reb —me susurró. Y lo hice, ya lo creo, sobre todo cuando saltaron por los aires trozos de baldosa. Un puño formado por huesos oscuros y sucios surgió del agujero, y un sonido gemebundo, espantoso, como llegado de alguna tumba remota.

—Joder —se me escapó. Por suerte, apenas se me oyó en medio del estruendo.

Nadie dijo nada más, al menos ningún vivo. Pero sí se empezó a escuchar algo, en respuesta a ese gemido. Era como un coro, un conjunto de voces guturales, cantando de una forma un tanto caótica pero, en todo caso, hermosa. Miré hacia las grandes puertas entreabiertas, sintiendo que reptaba por mi espalda un lento escalofrío.

Los muertos. El ejército de muertos de Loa estaba cantando.

Él no les hizo mayor caso. Tenía el rostro tenso, los ojos totalmente blancos, sin pupilas. Sacó una vela negra del bolsillo, del tamaño de un meñique, y la encendió, asegurándola sobre el suelo, susurrando sus magias, cada vez más acelerado...

Entonces, de pronto, como llegando a un repentino clímax, se hizo un silencio denso y profundo, y del agujero negro, absolutamente negro, que se había abierto en la piedra, surgió poco a poco una forma vagamente humana. Cómo seguían sosteniéndose en su sitio la mayor parte de los huesos, era un auténtico misterio. La calavera, cubierta por alguna pasta oscura que quizá fuera restos de carne convertida ya en barro, mostraba el cráneo tatuado con distintas formas lejanamente rúnicas.

Radar lanzó una exclamación y apartó la vista, tratando de cubrirse, como si le estuviesen enfocando con un potente foco. Loa entrecerró los ojos, pero se mantuvo firme.

Koute, nou menm ki gen reve pou syèk, ki posede konesans nan zansèt. Lang ou boule avèk òneman ki pi ansyen, zòrèy ou yo ap boule ak son yo nan òneman yo an premye. Pale, ou. Pale lang la a jodi a - recitó. Luego supe que era algún lenguaje raro, tipo criollo haitiano o algo así, que debe tener más fuerza en temas mágicos que cualquier otro, por lo que he entendido. Y que significaba algo como: "Escucha, tú, que has soñado durante largos siglos, que posees el Conocimiento ancestral. Tu lengua ardió con los más viejos hechizos, tus oídos se quemaron con los sonidos de los primeros conjuros. Habla, tú. Habla con la lengua del ahora".

El cuerpo oscilaba lentamente sobre sí mismo, como intentando seguir el ritmo de la llama de la vela  oscura de Loa. El cráneo rúnico giró, estudiándonos uno a uno. No creo equivocarme mucho si afirmo que sus cuencas vacías se fijaron más en los que tenían Nuiz, aunque susurró algo al centrarse en Javier.

Ki moun ki pou?preguntó finalmente. Qué voz, te juro. Qué voz... Estremecía el alma, nada podía quedarse impasible ante aquel sonido. Una voz remota, remota, remota, que debió dejarse de oír hace demasiados siglos—. Ki moun ki rele? (¿Quién busca? ¿Quién llama?).

Nan lang nan an kounye a la, nan lang la a jodi a. Repons. (En la lengua del ahora, en la lengua del hoy. Contesta.) Ki jan yo pase Modèl la? ¿Cómo pasar el Patrón? ¿Qué hay más allá? 

No se puede pasar el Patrón dijo un Sabio. 

No se debe pasar el Patrón corrigió otro, dando un paso al frente—. No seas loco, Loa. El precio es demasiado alto. 

¿Ah, sí? ¿Y cuál es el precio? preguntó Loa. Los Sabios dudaron. Algunos, intercambiaron miradas. Quedó claro que no lo sabían. Loa los descartó con un gesto de desprecio y volvió a centrarse en el muerto—. Ki jan yo pase Modèl la? Ki sa ki bay manti pi lwen pase? Ki sa ki gad? (¿Cómo pasar el Patrón? ¿Qué hay más allá? ¿Qué custodia?) 

Una pregunta, mortal —dijo entonces la criatura. Respiró con dificultad, pese a carecer de pulmones—. Una noche oscura, una vela negra. Una misma eternidad. Contestaré una única pregunta. 

¿Cómo te atreves? —Loa alzó una mano hacia él, los dedos encogidos, forzados, como si intentara apretar alguna víscera, o el cuello, a distancia. A saber. Lo único seguro, era que quería mantener el control gracias al dolor. Es un hijo de puta sin límites—. Yo soy quien da las órdenes. 

No —replicó Cráneo Rúnico—. Solo eres el que cree darlas. Pero las condiciones para este encuentro se establecieron hace mucho, mortal, y tu voluntad no puede cambiarlas. No eres lo bastante fuerte , no lo eres.—Un momento de silencio, en el que ambos mantuvieron un duelo de voluntades. Finalmente, Loa se relajó, agotado—. Una única pregunta, mortal. De pronto, Loa movió una mano, en un último intento, traicionero como siempre. El cuerpo se irguió, con aire irritado. Las runas tatuadas lanzaron brillos—. No hagas que pierda la paciencia. 

Ki jan yo pase Modèl la? Repons repitió Loa, aunque menos exigente— Según los textos, hay que entrar al Patrón desde dos puntos distintos, y seguir el camino de la Vida y el camino de la Muerte. Sólo juntos, bien combinados, bien entrelazados, dan lugar al camino que cruza entre los mundos, el que permite avanzar sin importar las distancias. Pero en este templo hay diez posibles entradas al Patrón. Y nadie sabe a qué se refieren los antiguos con eso de los caminos.  

Cráneo Rúnico asintió. 

Los extremos se tocan, los extremos se atraen. Busca los extremos. Uno, es el camino de la Vida, el otro, el camino de la Muerte. Cada paso debe tener su contrapaso y, luego, una retahíla en ese idioma incomprensible, demasiado larga para transcribirla. Además, Loa se negó a traducirla. 

No he entendido nada replicó cuando le preguntamos, después. No le creí. Creo que nadie lo hizo.

En aquel momento, tras escuchar aquellas palabras, se limitó a mirarle con ojos brillantes. El cadáver inclinó la cabeza. Sus runas refulgían ominosamente. Dijo algo más, en ese idioma, algo que sonó poético, hermoso y terrible a la vez. Luego, él mismo lo tradujo: 

¡Demonio!
Cabalgas engaños sobre nuestras tierras.
Susurras mentiras, ocultas herencias...
En el fin del mundo, las Puertas abiertas,
sangre y miedo tejen falsas apariencias... 

—¿Qué significa eso? - preguntó Javier. Cabeza Rúnica se volvió hacia él.

—Es una vieja advertencia, mortal. Y un enigma, el más importante de todos. Intenta resolverlo, porque de ello depende el destino de nuestro mundo. Recuérdalo. —La vela crepitó en el suelo, consumiéndose. A medida que su luz se iba apagando, la forma descendió, regresando a su tumba. 

Todos nos miramos. Fue Loa, una vez más, quien tomó el control. Recuerdo que dio un paso al frente, señalando a los Sabios con un dedo: 

—Este es el acuerdo: nos dejáis entrar y...

—Recuerda que dentro se encuentra Popov—le interrumpió una mujer—. Ha venido para consultar... No sé, seguro que nos ha mentido al respecto, pero algo quería saber. Ha bajado a las Salas del Conocimiento. Y es muy poderoso. Más que nunca, Loa. No te fíes.

Loa la miró desdeñoso.

—Nosotros mataremos a Popov. Sabéis tan bien como yo que está demasiado implicado, jamás abandonará el proyecto. Destruirá este mundo antes de admitir que  ha estado tan equivocado y durante tanto tiempo. Quizá hasta tenga en mente mataros a vosotros antes de irse, ya no puede fiarse. Vuestro poder mengua, todos lo percibimos. Os habéis desgastado inútilmente y ya no sois más que cabos sueltos en esta gran madeja. —Los Sabios se removieron, nerviosos—. Por eso, ahora os apartaréis y nosotros pasaremos. Yo también quiero bajar a las Salas del Conocimiento, por muchas razones. Luego, nos permitiréis el paso hasta el Patrón, y colaboráis en detener al Rey.

—Estás loco, eres un temerario —dijo un Sabio, con expresión de miedo—. Nadie se ha internado en el Patrón, nunca. Ni siquiera sabemos qué custodia.

—La victoria, por supuesto —repuso Loa con voz firme—. Lo que nos ayudará a derrotar al Rey.

Aquello pareció infundirles una cierta seguridad. Los Sabios intercambiaron más miradas y se apartaron, cediéndonos el paso. Pero, cuando intenté avanzar, para seguir a Loa y atravesar el umbral hacia el resto del templo, Javier me sujetó por un brazo.

—Un momento. —Se volvió hacia los Sabios, con actitud crítica—. Veamos, un último asunto, ya más personal. Tengo entendido que, juntos o por separado, ordenasteis la muerte de Rebeca.

—Javier... —intenté, aunque demasiado sorprendida como para servir realmente de algo. Nadie me gana a rencorosa, pero sé esperar la ocasión. No quería más enfrentamientos, sobre todo cuando aún nos esperaba Popov y el dichoso Patrón. En ese momento, me sentía enormemente cansada, supongo que por la hora y por la situación tan tensa que estábamos viviendo. Pero Javier siempre ha sido testarudo en algunos temas: sobre todo, en el de proteger a su familia.

 —Sólo será un minuto, Reb. Me gustaría de verdad, saber de quién fue la idea. —Volvió a recorrerlos con los ojos. Seguro que todo el mundo fue tan consciente como yo de la pistola que seguía sosteniendo en su mano derecha—. O si fue de todos.

—Ahora no, Cazademonios. Ahora no —le dijo Loa. Para una vez que estamos de acuerdo en algo... Pero Javier le hizo todavía menos caso que a mí.

—¡Expulsó al Amo, tras tanto tiempo preparando su llegada! —exclamó entonces una mujer—. ¿Qué querías que hiciésemos? ¡Se decidió en Cónclave! ¡Era necesario!

Javier hizo una mueca.

—Está bien. Sólo diré que, si vuelve a ocurrir algo así, si uno de vosotros vuelve a atentar de cualquier modo contra alguien de mi familia, me ocuparé de abriros un hueco semejante en la cabeza. —Señaló  con un gesto al Sabio que había matado—. A todos y cada uno. No bromeo, ni exagero. —El hecho de que no usase la pistola para amenazar resultaba todavía más amedrentador. Allí estaba, el humano normal, el carente de Nuiz y de una magia profunda, avisando de destruirlos a todos. Y nadie dudó de que sería capaz de hacerlo—. Quizá así os entre de verdad algo de sabiduría.

Sin más, se dirigió hacia el interior del templo. Loa agitó la cabeza y me miró con reproche. Como si yo tuviese la culpa, por estorbar en los asuntos importantes, o algo así. Valiente cretino, pensé, aunque tuviese razón.

No hubo mucha suerte respecto a Popov. Tal como nos habían indicado los Sabios, le encontramos en una de esas Salas del Conocimiento, que son enormes habitaciones subterráneas abovedadas, una especie de cuartos de estudio anexos a la enorme biblioteca. Popov estaba sentado a una de las mesas, rodeado de montones de libros y rollos de pergamino.

Según le vimos, Javier y Enrique dispararon y Loa inició un conjuro. Yo me limité a mirarle, demasiado llena de odio, pensando si el poder de Rolando podría convertirlo en una simple silueta pulposa en la pared. Seguramente. Pero Popov nos vio, cogió un par de libros bajo un brazo mientras paraba las balas en el aire, con el sencillo sistema de alzar la otra mano y, tras un ligero parpadeo, desapareció.

—Debe haber establecido una contigencia —maldijo Loa.

—¿Qué es eso? —preguntó Enrique.

—Establecer mágicamente una consecuencia para una posible causa. Por ejemplo, que le disparasen —ahora, la mirada de reproche fue para ellos. Enrique lanzó una risa ronca.

—O que le hiciesen un conjuro, no te jode.

—Bueno, sí, también. —Loa se encogió de hombros—. Vamos, intentemos buscar toda la información posible sobre el Patrón.

Se pusieron a buscar datos. Yo estaba cansada: era muy tarde, ya de madrugada de jueves, pero sabía que no podría dormir a pesar de todo.

Encontré una terminal, ya he dicho que el sitio era sumamente moderno, tenía de todo. Javier lo comprobó, para que no tuviese problemas con el sistema de seguridad de nuestro ejército y empecé a escribir en el blog.

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